3 ene. 2012

Queen, la orgía del rock y el exceso

Hola amigos,de nuevo recurrimos a la edicion española de RollingStone para cubrir un nuevo vacio de insparacion con uno de sus polemicos reportajes:


Hace 40 años cuatro tipos ingleses creyeron que el rock debía ser excesivo, libertino, hiperbólico, bombástico. Es es su aventura. Por Fernando Neira

En el tórrido mes de julio de 1977, Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon se habían encerrado en los estudios Wessex, al norte de Londres, para dar forma al que iba a ser su sexto trabajo discográfico, News of the world. Los cuatro integrantes de Queen llevaban buena parte del día perfeccionando un ritmo básico (dos golpes de bombo y palmadas, dos golpes y palmadas), llamado a convertirse en seña de identidad de su inminente nuevo éxito mundial, We will rock you, y de sus futuras actuaciones en estadios, parques y explanadas ante grandes multitudes. En el estudio vecino, el número 2, hicieron acto de presencia en aquel momento los Sex Pistols, enfrascados en la grabación de ese fulminante petardo en el culo de las conciencias británicas que sería Never mind the bollocks. Mercury les escuchó llegar y, provocador como fue siempre, no pudo aguantarse las ganas de llamar a su puerta.

Queen estudio

Chicos, nos encantaría que escucharais el tema en el que estamos trabajando. Queremos conocer vuestra opinión”. Johnny Rotten y Sid Vicious accedieron, perplejos, a entrar en el estudio 1. El ritmo machacón y reiterativo de We will rock you comenzó a sonar por los altavoces a todo trapo. Rotten y Brian May ya se conocían de antes y se profesaban cierto respeto mutuo, pero es fácil imaginar que aquel himno marcial horrorizó a aquellos dos jóvenes desharrapados que en ese momento trabajaban en su emblemática Anarchy in the UK. Freddie lo notó en sus caras, pero siguió con la travesura:

- “¿Os gusta? Me encantaría colaborar en una de vuestras canciones, queridos. Y que vosotros cantaseis en una de las mías”.

Vicious (que en el debut de los Pistols sólo toco en el tema Bodies) miró de arriba abajo a su interlocutor, que aquel día lucía mallas ajustadas y zapatillas de ballet, y no reprimió un mohín desdeñoso:

- ¡Oh, Freddie! Ya veo que sigues empeñado en acercar la danza al gran público…

- No te pongas así, Simon Ferocious, querido –le respondió Mercury . Y, por cierto, cuídate esas marcas de la cara. Parece que te hubieras estado arañando delante del espejo.

Vicious y su compinche abandonaron el estudio 1 de Wessex con un portazo, abochornados y enfurecidos, soltando pestes de aquellos cuatro señores bombásticos, estrafalarios, repelentes. Con episodios así se estaba cumpliendo la profecía de aquella primera crítica estupefacta que la revista Melody Maker les dedicó en 1974: “O es el futuro del rock o es un grupo de maricones lunáticos que intentan subirse al tren de Bowie mediante una mala imitación de Black Sabbath”.

Excesivos. Amanerados. Rebosantes de testosterona. Operísticos. Cabareteros. Grandilocuentes. Ambiciosos. Arrogantes hasta la autoparodia. Todas esas características a la vez, sin querer hacer exhaustivo el listado de epítetos, encarnaron los cuatro integrantes de Queen desde su fundación, en 1971, hasta la muerte de su irrepetible líder, el 24 de noviembre de 1991. Fueron controvertidos, desataron pasiones e inquinas a partes iguales, protagonizaron algunos de los conciertos más orgiásticos en la historia del rock y se erigieron en la segunda banda británica con mayores ingresos de todos los tiempos, inmediatamente después de The Beatles.

Hoy, dos décadas después de que la maldita enfermedad de cuatro letras nos privara de Mercury para siempre, la sombra de Queen se ha hecho seguramente más superlativa. El mundo entero celebró el pasado 5 de septiembre el que habría sido el 65º cumpleaños del vocalista y se dispone a honrar nuevamente su figura en el vigésimo aniversario de su desaparición. La editorial Cúpula publica en España el libro 40 años de Queen, que repasa la actividad de la banda y, sobre todo, reproduce carteles, entradas, juegos de mesa y demás curiosidades irresistibles para los más fans. El sello Universal le ha arrebatado a Emi todo el catálogo de Queen y se está aplicando a fondo en el lucrativo negocio de las reediciones deluxe, con sonido mejorado, versiones alternativas, grabaciones inéditas y demás rarezas al uso en estos casos. Si en su apogeo fueron permanente combustible para la polémica, en la actualidad Queen parece esa rarísima especie de grupo que, en mayor o menor medida, le ha terminado gustando a todo el mundo.Queen escenarios

“O es el futuro del rock and roll o es un grupo de maricones lunáticos que intentan subirse al tren de Bowie con una mala imitación de Black Sabbath”. Opinión del semanario ‘Melody Maker’ en los setenta

Varios ejemplos dispares. Manolo García, ex El Último de la Fila, y llenador de pabellones en solitario: “Vi a Queen con 17 años en el Palacio de Deportes y me dije: ‘Hostias, así es como se hacen las cosas’. Era tralla, energía y más tralla sin mirar el reloj. Rock and roll puro. Aún hoy guardo en la memoria ese concierto como ejemplo de cómo comportarse sobre el escenario. Luego conocí a Freddie en 1988, en una fiesta en Barcelona, y me maravilló que fuese vestido de Freddie, con su eterna camiseta blanca de tirantes. No soy nada mitómano, pero me hizo tanta ilusión que me tomé tres cervezas seguidas nada más saludarlo”.

Otro ejemplo. Alejo Stivel, fundador de Tequila y máximo exponente de ese rock en castellano inequívocamente chuleta y hetero: “Desde el primer disco tuvieron a esa bestia del canto que más parecía salida de un teatro lírico que de un local de ensayo. Eran un pasote. Deslumbraron al mundo. Bohemian rhapsody era una ópera desenfrenada, alucinante y loca. Brillantes, creativos, horteras, innovadores, Queen es un eslabón imperdible en la historia del pop-rock”.

Pedro Guerra, acústico cantautor canario de universos delicados y poéticos: “Los descubrí con Jazz [1978] y gasté la cinta. Freddie era uno de los mejores vocalistas del mundo. Me gustaban las armonías vocales y la contundencia de los coros en una época donde el auto-tune [el programa informático para afinar las voces de los cantantes] no era ni siquiera una palabra. Solo dejaron de interesarme en los ochenta, cuando se volvieron ligeros y comerciales”.

Esteban Girón, joven guitarrista de Toundra, banda madrileña de rock instrumental y ultraalternativo: “Los Queen fueron grandísimos, y me da igual si decir esto resulta cool o no. Mercury tenía música en la voz, aunque se limitase a abrir la boca y decir: ‘Aaaahhhhh’. Grandes armonías, cuatro tipos con formación musical, brillantes ideas, capacidad para romper esquemas de la música pop… Lo dicho, excepcionales”.relax queen

Con la perspectiva que otorga el tiempo, en efecto, parece evidente que el cuarteto londinense supo aportar originalidad (esa mezcla impredecible entre el rock pesado de Led Zeppelin, la imaginería fantasiosa del rock progresivo, el music hall y la vivacidad de Liza Minelli, las apoteósicas armonías vocales, su casi grotesca aproximación a la ópera) y 20 o más canciones objetivamente excepcionales:

Bohemian rhapsody (la más épica de todas), Somebody to love, Killer Queen, The prophet’s song, The seven seas of Rhye, Tie your mother down, Bicycle race, Innuendo, Breakthru, I’m going slightly mad… Que cada cual aporte a la lista los títulos que considere oportunos: sus 15 discos en estudio ofrecen holgado margen donde escoger. Pero nada de todo esto habría sido suficiente sin el firme compromiso de los cuatro (y, sobre todo, de Mercury) con el espectáculo, con la parafernalia, con la iconografía rockera. El repertorio era bueno, sí, pero Queen supo vestirlo como nadie. Eran fotogénicos, aun encontrándose seguramente en las antípodas de los sex-symbols. Eran escandalosos. Alimentaban titulares. Quisieras o no, había que estar pendiente de sus movimientos.

“El talento no basta, has de alimentar a las masas. Tienes que vender tu culo. Salir allí, tirarte a la yugular del público y decirle: ‘Esto os lo vais a comer” (Freddie)

Mercury lo tuvo siempre clarísimo. “No puedes limitarte a ser un músico maravilloso y un compositor excepcional. Ya existen a patadas”, razonaba: “¿Me imaginas cantando Somebody to love con vaqueros y camiseta? ¡No funcionaría nunca! El talento no basta, has de alimentar a las masas. Realmente, tienes que vender tu culo. Salir allí, tirarte a la yugular del público y decirle: ‘¡Esto os lo vais a comer!’. Supongo que se denomina venta agresiva”. Solo así se conciben episodios como el concierto gratuito ante 150.000 espectadores en el Hyde Park londinense, el 18 de septiembre de 1976 (la noche acabó con la policía cortando la electricidad porque era demasiado tarde para semejante avalancha de decibelios); la gira latinoamericana de 1981, un territorio que los demás gigantes del rock nunca se habían atrevido a explorar, o el abrumador montaje que se desplegaba en el verano de 1986 con los 26 conciertos para celebrar la publicación del álbum A kind of magic. Los cuatro músicos irrumpían a veces en los estadios a bordo de su propio helicóptero. “Hemos conseguido que Ben-Hur parezca Los teleñecos”, resumió por aquel entonces el guitarrista de la banda, Brian May.Queen backstage

Los años transcurridos, además, invitan a la indulgencia respecto a los movimientos más discutibles del cuarteto. Tanta parafernalia megalómana llevó a un crítico de rolling stone a calificar en 1979 de “fascista” el disco Jazz. En Argentina (1981) no se les ocurrió nada mejor que cumplimentar al general Viola con una visita a su domicilio; solo el batería, Roger Taylor, sopesó que rendirle pleitesía a un dictador (luego condenado por crímenes de lesa humanidad) no era demasiado inteligente y se quedó en el hotel. El 18 de octubre de aquel mismo año, en Puebla (México), Freddie Mercury interpreta Another one bites the dust ataviado con un sombrero mexicano y el público, que lo entiende como una mofa, se pasa el resto del concierto arrojando objetos sobre el escenario. “Gracias por los zapatos”, exclamó Mercury, irónico, a modo de despedida.

Durante la primera mitad de los ochenta, los excesos de la vida cotidiana a veces se trasladaban a las tablas. Así sucedió, por ejemplo, en el concierto del 13 de abril de 1985 en Auckland (Nueva Zelanda). Freddie había coincidido aquel día con Tony Hadley, el líder de Spandau Ballet, y ambos decidieron aplicarse a fondo con la botella de Stolichnaya, el vodka favorito del entonces ya bigotudo cantante. Minutos antes del recital, ante 45.000 espectadores, sus ayudantes visten en los camerinos del Smart Stadium a un Mercury casi inconsciente. Luego aguantaría toda la velada tambaleándose y compartiendo con un Hadley no mucho más sobrio una versión poco edificante de Jailhouse rock.

Ningún desliz fue más estruendoso, en cualquier caso, que el de la gira australiana en el otoño de 1984. El mismo año en que el vídeo de Radio ga ga con los músicos aleccionando, puños en alto, a las masas había reeditado las suspicacias sobre las afinidades totalitarias de la banda, Queen aceptó ofrecer ocho noches de conciertos en Sun City, el complejo de entretenimiento para blancos más grande de la entonces aún segregacionista Sudáfrica del Apartheid. La ocurrencia se saldó con una sanción del sindicato de músicos británicos y la aparición temporal de Queen en las listas negras de Naciones Unidas.

QueenPero ni siquiera este suceso, quizás el más desdichado en el currículo del grupo, sirvió para que el reinado de Freddie y su cohorte se tambalease. Nuestros cuatro protagonistas tuvieron la habilidad de rehabilitarse en enero de 1985 encabezando el cartel del primer Rock in Rio, un festival donde consiguieron hueco en la jornada inaugural y en la de clausura y en el que se dejaron ver ante 250.000 personas.

Allí actuaron vestidos de blanco, para que la multitud pudiera distinguirlos con nitidez. Y Mercury propició uno de sus momentos inimitables cuando se colocó unas tetas postizas descomunales durante la interpretación de I want to break free. “Esas tetas doblaban en tamaño a las de Dolly Parton”, admitió luego el cantante, “pero era la única manera de que se vieran desde el fondo del estadio. Y aún no sé por qué la gente se excitó tanto al verme vestido de mujer…”.

La resurrección definitiva tendría lugar el 13 de julio de aquel mismo 1985, durante el multitudinario macroconcierto Live Aid. La llamada solidaria de Bob Geldof (“la Madre Teresa del rock and roll”, como le definía el siempre guasón Mercury) obtuvo respuesta por parte de toda la aristocracia del género, desde U2 a Dylan, Mick Jagger, Dire Straits, David Bowie, The Who, Led Zeppelin, Clapton o Elton John. Pero nadie supo comprender como Queen que, además de la dimensión humanitaria, había 2.000 millones de telespectadores contemplando cuanto sucediera en el estadio de Wembley. Y nadie como ellos preparó tan a conciencia sus 20 minutos de gloria ante las cámaras.

Una encuesta de la cadena británica Channel 4 certificó en 2005 lo que casi cualquier aficionado cuarentón podría corroborarnos hoy a pie de calle: aquella fulgurante irrupción de Queen fue, quizás, el mejor concierto en la historia del rock. Mercury, May, Taylor y Deacon se planificaron para no desperdiciar ni un solo segundo y presentaron una especie de urgente popurrí con lo más apoteósico de su repertorio: Bohemian rhapsody, Radio ga ga, Hammer to fall, Crazy little thing called love, We will rock you y We are the champions. El estadio se quedó sin aliento. Y Elton John irrumpió en su camerino para exclamar, nada más concluyó el huracán: “Habéis arrasado con todo”.

A última hora de la noche de aquel día, Mercury y Brian May aún retornarían a escena para ofrecer en clave íntima Is this the world we created?, un tema escrito con anterioridad pero que parecía pensado para la ocasión: “Solo mira todas esas bocas hambrientas que debemos alimentar…”. Incluso en ese detalle le sonrió (en el momento y lugar oportunos) la fortuna a Freddie, que nunca había compuesto hasta ese momento una canción, digamos, comprometida. Más bien al contrario. “Soy muy frívolo y me gusta pasarlo bien”, acostumbraba a repetir. “Solo soy una fulana musical. Mis canciones son como maquinillas de afeitar Bic: pop desechable, para entretenerse. La gente puede deshacerse de ellas como si fueran pañuelos usados”, añadía.

No, Queen no era un grupo de grandes hallazgos conceptuales, de exploraciones filosóficas sobre los grandes temas del hombre. Mercury sentía admiración por John Lennon y Stevie Wonder, pero se veía incapaz de escribir letras “con mensaje”: “La política no es lo mío. Cantaría todos mis discursos, ¡acabaría arruinando el país!”). Tras la muerte de Lennon le dedicó la poco reseñable Life is real. Las solemnidades, a decir verdad, no eran lo suyo.queenn

En Live Aid, Queen sabía que había 2.000 millones de telespectadores. Y lo preparó a conciencia. Quizá fue el mejor concierto de rock de la historia

En realidad, la mayoría de canciones que escribo son baladas de amor y cosas relativas a la tristeza, el padecimiento y el dolor, pero con algo frívolo e irónico al tiempo”, se justificaba. Y añadió: “Odio escribir letras. A veces creo que mis melodías son mucho más potentes y las letras rebajan su calidad. Básicamente no escribo nada nuevo: solo historias sobre gente que se enamora y se desenamora, algo que sigue sucediendo siempre. Porque soy un auténtico romántico, como Rodolfo Valentino”.

Frívolos. Insustanciales. Desechables como una maquinilla de afeitar. Descaradamente pop, si lo vemos desde esa perspectiva. Así eran Queen y no les importaba reconocerlo. De esa manera triunfaron y lo siguen haciendo, más aún en estos tiempos perros donde siempre se agradece un poco de evasión. “Se trata de escapismo. Que disfruten con nuestra música y que, cuando no les guste, se deshagan de ella y la tiren al cubo de la basura”, proclamaban a modo de ideario.

Pero ese discurso vacuo y efímero estaba construido de un modo extraordinario. Minucioso. Concienzudo. A night at the opera (1975), acaso la obra capital de su carrera, se grabó a lo largo de cuatro meses y en su momento se consideró el disco más caro de la historia del rock. Solo la elaboración de The prophet’s song ocupó tres semanas; la de Bohemian rhapsody se prolongó del 24 de agosto al 14 de septiembre, en seis estudios diferentes y con sesiones diarias de entre diez y doce horas de trabajo. Añadieron tantas y tantas tomas a las 16 pistas originales que la cinta magnetofónica original se quedó casi transparente. Invirtieron en el vídeo promocional 4.500 libras (5.100 euros), una cifra desorbitada para entonces. Al año siguiente, con el disco A day at the races, sumaron voces en Somebody to love hasta generar el efecto de un coro de góspel con 160 integrantes. A Mercury le atormentaba reencontrarse con una de sus grabaciones y pensar: “Si hubiésemos invertido más tiempo y hubiésemos hecho tal cosa, habría sido mejor”.

Frívolos y perfeccionistas. Pop-rock delicatessen. Así se cimentó la gloria eterna de Queen, una dinastía a la que ni la dolorosa pérdida de su reina madre ha privado de una fama acaso inmarcesible. Según una encuesta de la revista Q en 2007, Freddie es el líder más emblemático que ha dado la música moderna, por delante de Elvis Presley. También en 2007, un sondeo de la BBC aupó a Queen a la categoría de mejor banda de todos los tiempos, por encima de The Beatles. Puede parecer disparatado, pero los mitos son así: inmortales, inabarcables. Y aún ahora se suceden los honores post mortem: según anunció el pasado mes de agosto el equivalente de la SGAE en el Reino Unido, Don’t stop me now (1978) es la canción favorita... ¡entre los conductores británicos! Por si a la Reina Killer aún le faltara, a estas alturas, alguna condecoración.

Fuentes: RollingStone.es

3 comentarios:

Alexferman dijo...

Anda que no les da juego a la revista RS las peripecias de Queen.

Aunque según un documental sobre Queen, la anécdota con Vicius fue que él (Vicius) le gritó si ya había conseguido llevar el ballet a las masas, y que Mercury le agarró de la solapa y le echó de la sala. Pero gusta más contarlo desde una perspectiva en la que se pueda hacer una crítica sutil a Mercury.

Hector Herrera dijo...

quierom que suban en esta pagina,para bajar,cds,dvds,de todo un poco

Blogger dijo...

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